Lentes correctores

Los errores de refracción pueden ser corregidos con lentes de cristal o de plástico, montadas sobre un marco (gafas), o mediante pequeñas piezas de plástico colocadas directamente sobre la córnea (lentes de contacto). Para la mayoría de las personas, la elección es una cuestión de estética, conveniencia y comodidad.

 

Las lentes de plástico para las gafas son más ligeras, pero se rayan con facilidad; las lentes de cristal duran más, pero corren más riesgo de romperse. Ambas pueden ser de color o estar tratadas con un producto químico que las oscurece automáticamente ante la exposición a la luz solar. Las lentes también pueden ser de mayor espesor para reducir la cantidad de luz ultravioleta potencialmente nociva que llega al ojo. Las bifocales contienen dos lentes, una superior que corrige la miopía y otra inferior que corrige la hipermetropía.

 

Muchas personas creen que las lentes de contacto son más atractivas (elegantes) que las gafas y también que con ellas la visión es más natural. Sin embargo, las lentes de contacto requieren más cuidado que las gafas.

 

Lentes de contacto

 

Las lentes de contacto duras (rígidas) son finos discos hechos con plástico rígido. Hay lentes que son permeables al aire, hechas de silicona y otros compuestos; son rígidas, pero permiten una mejor llegada de oxígeno a la córnea. Las lentes de contacto blandas hidrófilas, hechas de plástico flexible, son más grandes y cubren la totalidad de la córnea.

 

Las lentes más blandas no hidrófilas están hechas con silicona. Los ancianos en general consideran que las lentes blandas son más fáciles de manipular porque son más grandes. También tienen menos probabilidades que las lentes rígidas de salirse o de atrapar el polvo y otras partículas debajo de ellas. Además, las lentes de contacto blandas resultan generalmente cómodas desde la primera vez que se usan. Sin embargo, requieren un cuidado escrupuloso.

 

En general es necesario usar el primer par de lentes de contacto rígidas durante una semana antes de sentirse a gusto con ellas durante un período prolongado. Las lentes se usan durante un número gradualmente mayor de horas al día. A pesar de que pueden resultar incómodas al principio, no deberían provocar dolor. El dolor indica que se han colocado incorrectamente.

 

Higiene y mantenimiento de sus lentes correctores

 

La mayoría de las lentes de contacto deben quitarse y limpiarse a diario. Como alternativa, la persona puede usar lentes desechables, algunas de las cuales se reemplazan una o dos veces por semana, mientras que otras deben cambiarse todos los días. El uso de las lentes desechables evita la necesidad de limpiarlas y guardarlas, ya que cada lente se sustituye por una nueva.

Todas las lentes de contacto de uso frecuente deben ser esterilizadas y desinfectadas; la limpieza con enzimas no puede sustituir la esterilización y la desinfección.

 

El riesgo de sufrir infecciones graves aumenta al limpiar las lentes de contacto con una solución salina casera, con saliva o con agua del grifo o destilada, y al nadar con las lentes de contacto colocadas.

 

No es recomendable dormir con las lentes de contacto blandas (sean de uso diario, de uso prolongado o las desechables) por la noche, a menos que exista una razón especial para hacerlo. Si una persona siente malestar, un lagrimeo excesivo, cambios en la visión o enrojecimiento del ojo, debe quitarse las lentes de inmediato. Si los síntomas no desaparecen rápidamente, debe ponerse en contacto con un oftalmólogo.

 

Complicaciones de un mal uso de lentes correctores

 

El uso de cualquier clase de lentes de contacto acarrea un riesgo de sufrir graves y dolorosas complicaciones, como úlceras de córnea provocadas por una infección, que pueden acabar en una pérdida de la visión. Los riesgos pueden ser mucho menores si se siguen las instrucciones del fabricante y el oftalmólogo, y se usa el sentido común.