POBLACIÓN EN RIESGO

Una de las formas de contraer el virus y la enfermedad es mediante el contacto con sangre infectada, situación por la cual existen poblaciones que se encuentran ante un riesgo mayor de contagio: aquellas que fueron transfundidas antes de 1995, cuando aún no se realizaban pruebas serológicas para garantizar una donación segura.

También se encuentran en riesgo de contraer la infección personas que hacen uso de inyecciones con instrumentos contaminados durante intervenciones médicas, consumidores de drogas inyectables y quienes realizan prácticas de relaciones sexuales sin protección, así como aquellas personas con tatuajes y piercings.

En este contexto, el investigador señaló que los tatuajes en cejas, pestañas, delineado de ojos o labios ha propiciado que aumente el número de casos de hepatitis C en mujeres.

Considerada una de las enfermedades de fin de siglo, la hepatitis afecta a millones de personas en todo el planeta y se caracteriza por la inflamación del hígado causada por uno o varios virus, originando la lesión o destrucción de las células hepáticas. En la mayoría de los casos, este proceso inflamatorio se desencadena cuando el sistema inmunológico lucha contra las infecciones causada por los agentes externos.

Sin embargo, también puede ser causada por un sistema inmune hiperactivo que ataca a sus propias células hepáticas. La inflamación del hígado también puede producirse de forma secundaria a problemas médicos, drogas, alcoholismo, sustancias químicas y toxinas medio ambientales. La hepatitis varía en gravedad, desde una afección autolimitada con recuperación total, hasta una enfermedad potencialmente mortal o que dura toda la vida.

Esto se debe a que es una enfermedad que muchas veces pasa desapercibida en el cuadro agudo, ya que el organismo infectado no refiere molestias. Sin embargo, un grupo reducido de pacientes manifiesta cansancio y malestar generalmente por un par de días, por lo que la enfermedad es confundida con alguna otra, asegura el doctor Nahum Méndez-Sánchez, Presidente de la Asociación Mexicana de Hepatología.

El virus de la hepatitis C cuenta con genes virales que invaden al hígado. Cuando no son tratados a tiempo también pueden provocar cirrosis o cicatrización del hígado, incrementar el riesgo de presentar cáncer en este órgano o incluso insuficiencia hepática.

El VHC se adquiere básicamente por transfusión sanguínea, aunque en países industrializados el contagio es mayor por la reutilización de agujas durante la administración de drogas por vía intravenosa, indica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Al entrar el virus de la hepatitis C en el hígado, comienza a invadir células y a desarrollarse; al hacerlo, cantidades crecientes de ellas son atacadas y dañadas profundamente. Puede no presentarse ningún efecto secundario hasta que el daño en el hígado es tan grave, que éste deja de trabajar adecuadamente. esto puede llevar de 10 a 40 años dependiendo del progreso de la enfermedad y del cuidado que se tenga del hígado. "Al ser una enfermedad silenciosa, la persona no se da cuenta del padecimiento y únicamente pide ayuda cuando la fatiga crónica es cada vez más evidente", asegura el doctor Méndez-Sánchez.

Además de esta molestia, el paciente refiere pérdida de peso sin motivo aparente, cambio en el color de la piel (se vuelven ligeramente más morenos), y aparecen en cara y pecho pecas rojas conocidas como manchas rubíes.

Sin embargo lo más grave es que a diferencia de los virus que originan las hepatitis A y B, el de la C tiene una gran capacidad de mutar espontáneamente, lo que no sólo dificulta su eliminación por el sistema inmunológico, sino que ha imposibilitado a los científicos para crear una vacuna preventiva.

El uso de alcohol, el virus del VIH y otros factores pueden afectar o incrementar el progreso de la enfermedad, pero aún no se conoce la forma de cómo avanza en cada persona.