PRUEBAS

Existen varios estudios para identificar el anticuerpo contra el virus de la hepatitis C. La prueba estándar se conoce como ensayo de inmunoabsorción ligado a enzima (ELISA). Para señalar el virus se utiliza el anticuerpo contra la hepatitis C, pero podría no aparecer hasta tres a seis meses después del inicio de la enfermedad, por lo que su ausencia no es, necesariamente, una indicación de un hígado sano. Si el médico considera que el virus todavía está presente, puede realizarse otra prueba, la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Una PCR puede hacer múltiples copias del material genético (el ARN) del virus, hasta el punto en que éste es detectable.

Los tratamientos farmacológicos de la hepatitis Crónicas B y C se dirigen a reducir o prevenir el daño hepático y a favorecer o modificar el sistema inmunológico para que pueda atacar a los virus. la respuesta al tratamiento se evalúa analizando las concentraciones de aminotransferasas para determinar el grado de lesión hepática y utilizando la PCR( proteína C reactiva) para detectar la cantidad de virus presente. Sin embargo, después del tratamiento, algunos pacientes pueden presentar concentraciones bajas de virus y aumento de los indicadores de lesión hepática, mientras que otros muestran resultados opuestos. Todavía no está claro cómo considerar estos criterios en la evaluación de la salud global del paciente.

Los fármacos más importantes en el tratamiento de la hepatitis crónica son los interferones (especialmente el interferón alfa) y los análogos de nucleósidos (ribavirina, lamivudina, famciclovir y adefovir), que actúan directamente contra el virus. Se utilizan como una terapia única o combinada y de forma diferente dependiendo de la hepatitis específicas. También se están analizando otros fármacos que actúan mediante mecanismos diferentes. Novedades y avances en el tratamiento de la hepatitis C

Un avance reciente en el campo de la hepatitis C es la incorporación de una técnica diagnóstica que permite conocer con una gran fiabilidad si un paciente se va a curar con el tratamiento de la hepatitis C. Se trata de una mutación en un gen del organismo que produce una sustancia llamada interleuquina 28b. Esta mutación está presente de forma natural en muchos pacientes y se puede determinar de forma fácil por medio de un análisis de sangre. Su determinación es muy útil a la hora de tomar la decisión de tratar o no tratar a un paciente.

También hay que destacar que en los últimos años ha habido una auténtica revolución en el tratamiento de la hepatitis C. Esto se debe a que se han desarrollado numerosos fármacos que atacan distintas enzimas esenciales para el desarrollo del virus C, y que consiguen erradicar la enfermedad con mucha más frecuencia que con los tratamientos del pasado. Desde el año 2011 están disponibles en España dos medicamentos llamados 'inhibidores de la proteasa' que, asociados al tratamiento estándar con interferón y ribavirina, consiguen una altísima tasa de curaciones. Estos medicamentos se llaman boceprevir y telaprevir. No están exentos de efectos secundarios y sólo se pueden utilizar en pacientes con unas características especiales, pero son una esperanza para la curación de muchas personas. En los próximos años se incorporarán nuevos tratamientos que tendrán menos efectos secundarios y que podrán ser utilizados en la mayoría de los pacientes infectados por el VHC.

Tanto la hepatitis de tipo A, como la de tipo B, pueden curarse sin intervención médica. Si no es así, el facultativo establecerá un tratamiento u otro según la causa del trastorno, edad del paciente, sensibilidad a determinados fármacos, etcétera. No existe un tratamiento específico para la hepatitis A; suele recomendarse dieta pobre en grasas, evitar el consumo de alcohol y otros tóxicos y descanso. Para los tipos B, además de la recomendación de seguir las indicaciones anteriores, existen algunos medicamentos disponibles entre los que se encuentran el interferón alfa, lamivudina, telbivudina, adefovir y, más recientemente, entecavir o tenefovir. El interferón alfa es un tratamiento que se administra en forma de inyecciones subcutáneas y puede eliminar el virus de la hepatitis B, pero en un porcentaje pequeño de casos. El resto de los medicamentos mencionados se administran vía oral y no curan la infección, aunque pueden mantener el virus bajo control durante muchos años. Hay que tener en cuenta que muchos pacientes infectados por el VHB pueden tener la enfermedad inactiva y, por lo tanto, no requieren ningún tratamiento.