Afecta a niños entre uno y cuatro años de edad. Se le ha relacionado con enterovirus no poliomielíticos, Coxsackie, B1, B2, B3, y B5 y el enterovirus. Hay fiebre y malestar general; el exantema característico es con vesículas de forma ovalada en manos, pies y boca. Puede aparecer una erupción maculopapular eritematosa y extenderse a glúteos y muslos la exploración física se encuentran adenopatías cervicales y submandibulares. El tratamiento es sintomático. Se han observado con mayor frecuencia asociadas con enfermedad grave y en niños menores de cinco años. La mayoría de las muertes se debe a edema o a hemorragia pulmonares. Otras complicaciones incluyen encefalitis, meningitis aséptica, parálisis flácida aguda y miocarditis
¿Cuáles son algunos de los mitos, y realidades, sobre la vacunación?
Las vacunas son consideradas uno de los grandes logros por parte de la ciencia, que las ha utilizado para luchar contra las enfermedades por más de dos siglos.
La OMS considera que mediante ellas actualmente se evitan entre 2 y 3 millones de muertes al año, sin embargo se calcula que más de 22 millones de niños alrededor del mundo no reciben las inmunizaciones básicas.
En nuestro país el esquema de vacunación básico para niños y niñas de 0 a 9 años comprende las siguientes vacunas: BCG, hepatitis B, pentavalente acelular, DPT (difteria, tosferina, tétanos), rotavirus, neumocócica conjugada, influenza, SRP (sarampión, rubéoloa y parotiditis), Sabin (Poliomelistis), así como las de Varicela y Hepatitis A. Estas dos últimas sin registro formal en la cartilla y sujetas a disponibilidad.
Las vacunas se fabrican en un tiempo de producción aproximado de entre 6 y 33 meses. Más de la mitad de ese tiempo está dedicado al control de calidad. Pueden realizarse a partir de virus vivos atenuados, organismos o virus inactivos o muertos, toxinas inactivas, o segmentos de un patógeno.
Este último proceso incluye vacunas subunitarias y conjugadas, como el caso de la Neumocócica conjugada y la que actúa en contra de la hepatitis B.
Otros de los elementos contenidos en las vacunas son los adyuvantes, que apoyan la producción de defensas en nuestro organismo. También contienen otras sustancias que sirven para evitar su descomposición y contaminación en el proceso de fabricación, así como para mantener su estabilidad. Esto significa que mantengan sus características para lograr la protección adecuada.
Algunas de las vacunas más recientes en el mundo son las que protegen contra algunos virus del papiloma humano, nombrada por la OMS como la infección viral más común del aparato reproductor que puede provocar cáncer cervicouterino, así como verrugas genitales tanto en hombres como en mujeres.
La doctora Leticia Rocha Zavaleta, especialista del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, señala que la familia del virus del papiloma humano tiene más de 200 miembros.
"Las vacunas que existen en el mercado son dos. La llamada Cervarix protege contra dos tipos virales, el 16 y el 18, los que con mayor frecuencia se asocian al cáncer cervicouterino en México. La otra, llamada Gardasil protege contra cuatro tipos virales. Además de los mencionados, contra los tipos 6 y 11. Estos últimos están asociados con verrugas genitales, que nunca se convertirán en cáncer, pero son muy difíciles de tratar y causan muchas molestias".
La especialista menciona que estas vacunas no son 100% protectoras contra el desarrollo del cáncer cervicouterino porque éste puede llegar por otros tipos virales, pero que sin embargo tienen un papel muy útil. "Son vacunas complementarias a los estudios que año con año las mujeres debemos hacernos para detectar lesiones premalignas a tiempo".
Rocha señala que este tipo de vacuna es de las que se conocen como de nueva generación, fabricada con virus vacíos.
"Hagamos de cuenta que el virus es como un huevo, la cascara es la parte externa y la yema es su material genético. Esta vacuna está hecha de esas cápsides que recubren el virus del papiloma humano. Son vacunas muy avanzadas, difíciles de producir y con altos costos, pero muy eficientes. De tal forma que generan una protección duradera en contra de los cuatro virus mencionados".
Los médicos privados la empezaron aplicar desde el 2009 y aunque no está contemplada en el cuadro básico se han hecho campañas de aplicación para grupos de niñas entre los 11 y 14 años, lo que se considera la etapa previa al inicio de su vida sexual.
De hecho, actualmente hay grupos piloto para su aplicación en varones de estos mismos rangos de edad. La especialista explica que tanto hombres como mujeres somos vectores, de tal forma que si se vacuna a las niñas y niños se cierra el círculo de transmisión.
En este momento las compañías que se dedican a producir este tipo de vacunas están trabajando en una vacuna del tipo con una capacidad más amplia, una especie de cóctel que protegerá contra nueve o 10 tipos virales al mismo tiempo.
"También se le puede aplicar a una mujer adulta, siempre cuando demuestre que no está infectada con el virus. Cualquier mujer con vida sexual obtiene protección de ella, pero debe ser aplicada bajo el criterio de un médico ginecólogo".
Mito 1: Las mejores condiciones de higiene y saneamiento harán desaparecer las enfermedades; las vacunas no son necesarias.
FALSO: Las enfermedades contra las que podemos vacunar volverían a aparecer si se interrumpieran los programas de vacunación. Si bien la mejor higiene, el lavado de las manos y el agua potable contribuyen a proteger a las personas contra enfermedades infecciosas, muchas infecciones se pueden propagar independientemente de la higiene que mantengamos. Si las personas no estuvieran vacunadas, algunas enfermedades que se han vuelto poco comunes, tales como la poliomielitis y el sarampión, reaparecerían rápidamente.
Mito 2: Las vacunas conllevan algunos efectos secundarios nocivos y de largo plazo que aún no se conocen. Más aún, la vacunación puede ser mortal.
Las vacunas son muy seguras. La mayoría de las reacciones vacunales son generalmente leves y temporales, por ejemplo, un brazo dolorido o febrícula. Los trastornos de salud graves, que son extremadamente raros, son objeto de seguimiento e investigación detenidos. Es más probable padecer un trastorno grave por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, en el caso de la poliomielitis, la enfermedad puede provocar parálisis; el sarampión puede causar encefalitis y ceguera, y algunas enfermedades prevenibles mediante vacunación pueden ser incluso mortales. Aunque un solo caso de trastorno grave o defunción por vacunas ya es demasiado, los beneficios de la vacunación compensan con creces el riesgo, dado que sin las vacunas se producirían muchos trastornos y defunciones.
Mito 3: La vacuna combinada contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, así como la vacuna antipoliomielítica, pueden provocar el síndrome de muerte súbita del lactante (SIDS).
FALSO:No existe una relación causal entre la administración de las vacunas y la muerte súbita del lactante, a pesar de que esas vacunas se administran en un período en el que el recién nacido puede sufrir el SIDS. En otras palabras, las defunciones por SIDS son casualmente coincidentes con la vacunación y hubieran ocurrido aunque no se hubiesen administrado las vacunas. Es importante recordar que esas cuatro enfermedades pueden ser mortales, y que el recién nacido no vacunado contra ellas corre graves riesgos de defunción y discapacidad grave.
Mito 4: Las enfermedades prevenibles mediante vacunación están casi erradicadas en mi país, por lo tanto no hay motivos para que me vacune.
FALSO:Si bien las enfermedades prevenibles mediante vacunación son actualmente poco comunes en muchos países, los agentes infecciosos que las provocan siguen circulando en algunas partes del mundo. En un mundo sumamente interconectado, esos agentes pueden atravesar las fronteras geográficas e infectar a cualquier persona no protegida. Por ejemplo, a partir de 2005, en Europa occidental se produjeron brotes de sarampión en poblaciones no vacunadas de Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Italia, el Reino Unido y Suiza. Por consiguiente, hay dos motivos fundamentales para vacunarse, a saber, protegernos a nosotros mismos y proteger a quienes nos rodean. Los programas eficaces de vacunación, al igual que las sociedades eficaces, dependen de la cooperación de cada persona para asegurar el bien común. No deberíamos depender de las personas que nos rodean para detener la propagación de enfermedades; nosotros mismos también tenemos que hacer nuestra parte.
Mito 5: Las enfermedades de la infancia prevenibles mediante vacunación son algo inevitable en la vida.
FALSO: Las enfermedades prevenibles mediante vacunación no tienen por qué ser “algo inevitable en la vida”. Enfermedades tales como el sarampión, la parotiditis y la rubéola son graves y pueden acarrear importantes complicaciones tanto en niños como en adultos, por ejemplo, neumonía, encefalitis, ceguera, diarrea, infecciones del oído, síndrome de rubéola congénita (si una mujer contrae rubéola al principio del embarazo) y defunción. Todas estas enfermedades y sufrimientos se pueden prevenir mediante las vacunas. Los niños no vacunados contra estas enfermedades quedan innecesariamente vulnerables.
Mito 6: La administración simultánea de más de una vacuna puede aumentar en los niños el riesgo de efectos secundarios nocivos, que a su vez pueden sobrecargar su sistema inmunitario.
FALSO: Las pruebas científicas revelan que la administración simultánea de varias vacunas no conlleva ningún efecto secundario sobre el sistema inmunitario del niño. Los niños están expuestos cotidianamente a cientos de sustancias extrañas que desencadenan una respuesta inmunitaria. El simple hecho de ingerir alimentos introduce nuevos antígenos en el organismo, y numerosas bacterias viven en la boca y la nariz. Un niño está expuesto a muchísimos más antígenos como consecuencia de un resfriado común o una faringitis, que por las vacunas. Las principales ventajas de la administración simultánea de varias vacunas es que requiere menos consultas ambulatorias, lo que permite ahorrar tiempo y dinero y aumenta las probabilidades de que los niños completen el calendario de vacunación recomendado. Además, la posibilidad de recibir una vacunación combinada, por ejemplo, contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, supone menos inyecciones.
Mito 7: La gripe es solo una molestia y la vacuna no es muy eficaz.
FALSO: La gripe es mucho más que una molestia. Es una enfermedad grave que cada año provoca entre 300.000 y 500.000 defunciones en todo el mundo. Las embarazadas, los niños pequeños, los ancianos con problemas de salud y cualquiera que padezca un trastorno crónico, por ejemplo, asma o cardiopatía, corren un alto riesgo de infección grave y muerte. La vacunación de las embarazadas conlleva el beneficio adicional de proteger a sus recién nacidos (actualmente no existe una vacuna para los menores de seis meses). La mayoría de las vacunas contra la gripe inmuniza contra las tres cepas de mayor prevalencia circulantes en una estación dada. Es la mejor manera de reducir sus probabilidades de contraer una gripe grave y contagiar a otros. Evitar la gripe significa evitar gastos de atención médica adicionales y pérdida de ingresos por los días de trabajo o escuela perdidos.
Mito 8: Es mejor la inmunización por la enfermedad que por las vacunas.
FALSO: Las vacunas interactúan con el sistema inmunitario para producir una respuesta similar a la que produciría la infección natural, pero no causan la enfermedad ni exponen a la persona inmunizada a riesgos de posibles complicaciones. En cambio, el precio de la inmunización por infección natural podría ser el retraso mental provocado por Haemophilus influenzae tipo b (Hib), defectos congénitos debidos a la rubéola, cáncer del hígado derivado del virus de la hepatitis B, o muerte por sarampión.
Mito 9: Las vacunas contienen mercurio, que es peligroso.
FALSO: El tiomersal es un compuesto orgánico con mercurio que se añade a algunas vacunas como conservante. Es el conservante más ampliamente utilizado para las vacunas que se suministran en ampollas de dosis múltiples. No hay pruebas científicas que sugieran que la cantidad de tiomersal utilizada en las vacunas entrañe un riesgo para la salud.
Mito 10: Las vacunas causan autismo.
FALSO: Según se pudo determinar, el estudio de 1998 que suscitó inquietud acerca de un posible vínculo entre la vacuna contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, por un lado, y el autismo, por otro, contenía graves irregularidades, por lo que la publicación que lo divulgó lo retiró. Lamentablemente, su divulgación despertó temores que provocaron una disminución en las tasas de inmunización y los subsiguientes brotes de esas enfermedades. No existen pruebas científicas de una relación entre esa vacuna y el autismo o trastornos autistas.