El efecto del sol es acumulativo. Se calcula que del 60 al 80 por ciento de toda la exposición solar de nuestra vida se produce en los primeros 18 años de vida. Se ha demostrado que las personas que en su infancia han presentado varias quemaduras solares tienen mayor riesgo de desarrollar un cáncer de piel, al compararla con otros grupos de personas. Esta es una de las razones por la cual se debe evaluar riesgo-beneficio a la hora de disfrutar de actividades en áreas no protegidas del sol, fundamentalmente la playa. También es necesario tener en cuenta que existen superficies que son buenas reflectoras de las radiaciones ultravioletas, aunque estemos aparentemente protegidos, tal es el caso del mar, la arena y la nieve. Cuando la familia está de vacaciones, en playas o piscinas, todos sus miembros deben extremar las medidas de protección contra la acción dañina de las radiaciones ultravioletas, prestando especial atención a niños y adolescentes. Se puede disfrutar plenamente de una temporada veraniega, pero hay que hacerlo con responsabilidad. Sufrir dos o más quemaduras solares durante la infancia incrementa el riesgo de padecer cáncer de piel durante la etapa adulta.
Las quemaduras solares se producen por la exposición excesiva de la piel a los rayos UVB (280 a 320 nm) y en menor cuantía, las UVA. Las radiaciones UVB como principales responsables de las quemaduras solares, inician el daño al ADN y proteínas cuando son absorbidas por moléculas específicas, debido a un efecto fotoquímico directo o por un mecanismo oxidativo indirecto a biomoléculas estratégicas localizadas en la epidermis (ácidos nucleicos, aminoácidos aromáticos, ácido urocánico y precursores de la melanina). Durante el mecanismo de reparación del ADN dañado se liberan citocinas (interleucinas: IL-1, IL-6, IL-8, IL-10, IL-12 y factor de necrosis tumoral alfa (FNT a), al igual que mediadores de la inflamación (sustancia P, calcitonina, óxido nítrico). Estos son los responsables de la vasodilatación e inflamación en su intento por modular la conducta de diferentes células (Queratinocitos, células de Langerhans, células endoteliales, fibroblastos y linfocitos)
La aparición de los síntomas u signos puede variar entre 1 a 24 horas y suelen alcanzan su pico máximo a las 72 horas. Los cambios cutáneos van desde un eritema leve con descamación evanescente a dolor, tumefacción, dolor en la piel y ampollas. Las quemaduras que afectan a la parte distal de las piernas, sobre todo la región pretibial, resultan especialmente molestas y su curación suele ser lenta. Las quemaduras solares también pueden producir síntomas constitucionales (fiebre, escalofríos, debilidad, shock), igual que con las quemaduras térmicas, si se quema una gran parte de la superficie corporal debido a la liberación de interleucina-1. En la literatura médica clásica las quemaduras se clasifican en seis grados, siendo el primer grado el más leve, y el quinto y el sexto los más severos y frecuentemente letales, el sol habitualmente puede provocar quemaduras de primer y segundo grado.
Estas quemaduras se producen cuando los rayos ultravioletas penetran en la piel y causan la muerte del tejido de la epidermis y pueden ir desde ligeras irritaciones hasta el extremo de afectar los vasos sanguíneos que alimentan las células de la piel.