Las técnicas neurofisiológicas de registro han permitido demostrar que el sueño no es un proceso homogéneo, sino que se organiza cíclicamente en varias fases. Utilizando registros poligráficos (el electroencefalograma (EEG), el electrooculograma (EOG) y el electromiograma (EMG)), se observa que al dormir tenemos dos tipos de sueño: el NO REM y el REM.
El sueño NO REM. Se divide a su vez en cuatro fases. Son las fases de relajación y descanso:
Fase 1. Es la transición inicial de vigilia a sueño. Vuelve a darse si nos despertamos durante la noche, al dormirnos otra vez. En esta fase el cuerpo inicia una distensión muscular, la respiración se hace uniforme y la actividad cerebral se hace más lenta que durante el estado de vigilia. El sueño es ligero. Tiene una duración de entre 30 segundos y varios minutos en cada ciclo.
Fase 2. El dormir se hace menos superficial. La actividad cerebral se ralentiza más. Dura aproximadamente una hora en cada ciclo.
Fases 3 y 4. Es la fase de sueño más profundo, durante el cual el cuerpo descansa más. Se llama también fase de sueño lento, porque en la actividad cerebral las ondas son muy lentas. Cuando una persona está en esta fase se necesitan fuertes estímulos táctiles o auditivos para despertarle.
El sueño REM. En esta fase hay la actividad onírica, es decir, es cuando soñamos. Esta fase debe su nombre a los movimientos oculares rápidos que se producen (en inglés: Rapid=R; Eye=E; Movements=M). El EMG (electromiografía) revela la desaparición del tono muscular, pero el resto de las funciones corporales y vegetativas se vuelven a activar. La tensión arterial, la frecuencia cardiaca, la respiratoria, la temperatura corporal y cerebral y el consumo de oxígeno tienen niveles similares a los del estado de vigilia.
Los dos tipos de sueño NO REM y REM se van alternando cada 70 a 100 minutos, con un promedio de 90 minutos. Al conjunto de las 4 fases NO REM y la fase REM se llama ciclo de sueño. Un ciclo tiene en total una duración de entre 90 y 120 minutos. Este ciclo se repite cuatro o cinco veces cada noche. En los primeros ciclos de la noche predominan las fases de sueño profundo, de descanso. En la segunda mitad de la noche predominan las fases 2 y REM. Esto significa que a medida que avanza la noche soñamos más, ya que los sueños se producen principalmente durante la fase REM.
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En contra de todas las predicciones que dan a los litros de café como único vencedor del sueño, existen muchas otras formas de hacerle frente al día sin necesidad de acabar con problemas cardiovasculares, un susto de muerte y un tic infernal en las piernas. Muchas soluciones están en la comida, deporte, pequeños gestos y en la voluntad de cada uno. Salir a la calle unos segundos con el pretexto de airearse o hacer una llamada importante es la mejor solución para no notar los síntomas del cansancio y la rutina, pudiendo así desconectar y reactivar la circulación de energía por todo el cuerpo. Si no es posible escaparse del puesto de trabajo, caminar por la oficina es otra opción. Mantener conversaciones con otros compañeros aunque sea sobre asuntos intrascendentes y, sobre todo, que no tengan que ver con el entorno laboral es otra buena opción. El cerebro desconecta de la actividad que se venía realizando hasta el momento y tiene que reactivarse de nuevo para prestar atención a otra cosa. Si existe la posibilidad de acudir a casa a comer, hay que hacer todo lo posible por arañar diez minutos de siesta. El tiempo suficiente para relajar el cuerpo y volver a la carga. Tomar alguno tipo de complejo vitamínico para reforzar a la energía en el caso de estar pasando por etapas más bajas mental y físicamente. No abusar del dulce varias veces al día. Su alto contenido en azúcar aporta energía en un primer momento, pero después se traduce en un efecto rebote. Hay algunos ejercicios que bien podrían ser el típico remedio de la abuela. Masajear los ojos dejándolos en la oscuridad durante un rato y bostezar varias veces seguidas (aunque sea obligándose) son remedios efectivos por reactivan la oxigenación cerebral. Beber té es mejor opción que el café. La teína es más fuerte y efectiva. No solamente ayudará a ganarle la batalla al sueño, sino también a eliminar excesos del cuerpo y mantener el organismo depurado. Aunque rendirse nunca es la mejor opción, una retirada a tiempo puede salvar muchas batallas. Puede que tomarse la tarde libre no sea tan mala opción. |
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Dormir bien es fundamental para nuestra salud, y no sólo eso; el buen sueño nos permite cumplir con las exigencias diarias en nuestro trabajo y vida social. El sueño es mucho más que un placer: es una necesidad para nuestro bienestar, en todos los planos de nuestra vida. Se ha hablado mucho del “sueño de belleza” y del “sueño del buen humor”, pero poco se admite al respecto de la importancia del buen sueño para el correcto y más apropiado desempeño laboral.
El sueño, además de un momento de relajación de los músculos del cuerpo, es un estado de abandono de la conciencia y del estado de alerta. Durante el sueño logramos relajar los procesos mentales, adaptándolos a otras funciones. Logramos, de este modo, incorporar y procesar nuevas nociones, de un modo apropiado para nuestro bienestar.
Durante el sueño, nuestro cerebro aprovecha para recomponerse a su mejor estado. Se reponen sustancias químicas necesarias y se balancean procesos necesarios para nuestro organismo y correcto funcionamiento nervioso. Esto permite un despertar relajado, para poner en marcha a continuación procesos mentales y perceptivos fuera del estado onírico. De tal modo, la falta de sueño afecta su desempeño. Imagínalo como un ordenador que no se apaga nunca: puede funcionar, pero lentamente sus procesos comenzarán a alentarse y verse impactados por sucesos fuera de lo ordinario.
También durante el sueño nuestro cuerpo se repone. En ese estado de relajación, los músculos pierden su tensión, y la circulación se balancea y estabiliza. El metabolismo baja, y el ritmo cardíaco hace lo mismo. La respiración se regula, se hace lenta, profunda y regular, y el cuerpo se prepara para la próxima actividad, renovado y reenergizado.
Conforme avanzamos en edad, minimizamos las horas de sueño. Mientras que los bebés duermen hasta 12 horas diarias, los mayores de 70 años duermen de cinco a seis horas diarias. Ello se debe a las menores exigencias físicas de la persona, conforme a su actividad social, personal, laboral y demás. De tal modo, los adultos de entre 20 y 60 años (aproximadamente) requieren de hasta 8 horas de sueño para un correcto descanso, horario que varía de persona en persona.
Es poco frecuente que un adulto descanse 8 horas diarias, y puede deberse a numerosos factores. Lo importante es, según los expertos, no tener menos de 4 horas diarias de sueño, para no sufrir un estado conocido como privación de sueño. Con menos de 4 horas diarias de sueño, el cuerpo y el cerebro no logran reconstituirse de la manera apropiada, lo que afecta nuestro desempeño a nivel personal, social y laboral.