DEFENSA

El mejor mecanismo de defensa local de la mucosa nasal es el transporte mucociliar. Los elementos de este mecanismo son los cilios, el moco y el transporte de agua, todos contribuyen conjuntamente a su correcto funcionamiento. Recordar que la superficie de la mucosa nasal está recubierta por una película líquida de 10 micras de espesor, el moco, en el cual baten de forma constante y sincrónica los cilios de las células ciliadas. Ambos, moco y cilios, conforman los dos componentes básicos de este mecanismo de defensa de las vías aéreas: el sistema mucociliar. Este sistema es el más primitivo y esencial de los mecanismos de defensa del tracto respiratorio.

LOS CILIOS.

El sistema mucociliar nasal humano presenta una distribución por toda la superficie de la mucosa nasal que no es homogénea, lo que explica la distinta capacidad de aclaramiento mucociliar en sus diferentes áreas. Hay cilios en toda el área respiratoria de la cavidad nasal y faltan en el área olfatoria, en las porciones anterior y posterior del cornete superior, en el meato superior y en la parte superior del septo. En estas zonas ausentes de cilios el epitelio es liso.
Los cilios son más largos en el meato inferior y en el suelo con una longitud entre 6 y 7µm., siendo además a este nivel muy gruesos.
En el cornete inferior, medio y meato medio son algo más cortos, entre 4 y 5 µm., su grosor es también menor formando como parches. En estas zonas, la proporción entre células ciliadas y no ciliadas es de 1:1 o 1:2, siendo la mayoría de las células no ciliadas productoras de moco.
La longitud y el grosor de los cilios en la superficie es la misma que en la pared lateral de la cavidad nasal.
Los cilios se van haciendo más cortos y finos desde la porción inferior del área respiratoria de la cavidad nasal a la superior, lo que se traduce en que la actividad mucociliar sea diferente en las distintas áreas de la cavidad nasal, con una intensidad creciente de la raíz al suelo de la misma. Donde son más cortos es en los bronquios terminales.

La mejor manera de evitar un resfriado es evitar el contacto cercano con los enfermos actuales, lavarse meticulosa y regularmente las manos y evitar tocarse la cara. Los jabones antibacterianos no tienen efecto sobre el virus del resfriado -es la propia acción mecánica de lavarse las manos la que elimina las partículas víricas. Se recomiendan gel con alcohol para manos como método efectivo para reducir la concentración de los virus infecciosos en las manos. Sin embargo, al igual que al lavarse las manos, los geles con alcohol no proporcionan ninguna protección residual contra otra infección.
En países de habla hispana, hay personas que al toser se cubren la boca y nariz con su jersey, camiseta, bufanda o pañuelo, para captar las micropartículas emitidas.

Debido a la gran variedad de virus causantes del resfriado común, la vacunación es inviable.
No existe cura para el resfriado común, es decir, no hay tratamiento que combata directamente al virus. Sólo el sistema inmunológico del organismo puede destruir con efectividad al invasor. Un resfriado puede estar compuesto por varios millones de partículas virales, y normalmente en pocos días el organismo comienza a producir en masa un anticuerpo más adecuado que pueda impedir que el virus infecte más células, además de glóbulos blancos que destruyen el virus mediante la fagocitosis (célula en la sangre capaz de captar restos celulares) y a las células infectadas para impedir más replicaciones del virus.
Por tanto, los tratamientos disponibles se centran en aliviar los síntomas y también en ayudar al cuerpo a desarrollar sus defensas.
Para algunas personas, los resfriados son inconveniencias relativamente leves, y pueden continuar con sus actividades cotidianas con una incomodidad tolerable. Se deben ponderar esta incomodidad y el precio y los posibles efectos secundarios de los remedios.

Los tratamientos comunes incluyen: analgésicos como el ácido acetilsalicílico, el acetaminofén o paracetamol, además de versiones localizadas para la garganta, descongestionantes nasales que reducen la inflamación de las vías nasales, constriñendo los vasos sanguíneos locales, supresores de la tos (que funcionan como un narcótico, suprimiendo el reflejo cerebral de la tos o diluyendo la mucosidad de los pulmones), y antihistamínicos de primera generación, como la bromfeniramina, la clorfeniramina (que reducen la segregación de mucosa en la glándula correspondiente y combaten así el goteo y la congestión nasal, aunque también provocan somnolencia como efecto secundario).

Los antihistamínicos de segunda generación no tienen efectos útiles sobre el resfriado. Procurarse un ambiente cálido y seco y beber gran cantidad de fluidos, especialmente líquidos calientes, aliviará los síntomas en cierta manera.

Los antibióticos son ineficaces contra el resfriado común y también contra cualquier otra infección viral. Son útiles para tratar cualquier infección bacteriana secundaria, pero el tratamiento con antibióticos antes de que se desarrollen estas coinfecciones es contraproducente, ya que puede generar una resistencia al medicamento.

No hay que olvidar que todos los medicamentos son para el alivio sintomático y no impiden la propagación de la infección a aquellos que nos rodean y hay que pensar en la cantidad de personas que infectaremos si seguimos con nuestro ritmo diario y por lo tanto, sería recomendable que las personas resfriadas usaran máscaras quirúrgicas. Sólo después de reaccionar nuestro cuerpo, generar defensas contra la infección y eliminar los síntomas de forma natural dejamos de ser portadores de la infección.

El frío favorece los catarros. Aunque con frecuencia la ciencia le enmienda la plana a la sabiduría popular, en este caso parece que le da la razón. Un estudio que se publica en la revista PNAS indica que el rinovirus, principal responsable de los resfriados, se reproduce mejor en el ambiente más fresco de la nariz que a la temperatura superior de los pulmones.

Pese a que con frecuencia se afirma que la evidente relación entre catarros e invierno se debe a que la gente convive más tiempo en espacios cerrados o a que los centros educativos están abiertos, incrementando las posibilidades de infección, los científicos conocen desde hace tiempo que al rinovirus le gusta el frío. Sin embargo, hasta ahora se había tratado de estudiar la relación entre la temperatura corporal y la capacidad reproductiva del virus. En este último trabajo, investigadores de la Universidad de Yale (EE UU) analizaron cómo afectaba la temperatura al sistema inmune y a su capacidad para rechazar la invasión vírica.

Para comprobar su hipótesis, los científicos tomaron células de las fosas nasales de ratones y compararon la respuesta inmune ante el rinovirus poniéndolas a 37 grados, la temperatura de los pulmones, y a 33, la de las fosas nasales. En el primer caso, se observó que la respuesta antiviral era más intensa que en el segundo, apoyando así la idea de que es el efecto del frío sobre el sistema inmune lo que favorece la aparición de más resfriados con bajas temperaturas.

Con el fin de observar si los cambios de temperatura fortalecían o debilitaban el sistema inmune y no al virus, pusieron a prueba la capacidad del rinovirus para replicarse en células de las fosas nasales con una deficiencia genética en los sensores del sistema inmune responsables de detectar el virus y preparar la defensa ante la invasión. En ese caso, los virus fueron capaces de reproducirse a un ritmo mucho más elevado, también a 37 grados.
Estos resultados se suman a otros anteriores, como el realizado por científicos del Hospital Monte Sinaí en 2007, en el que mostraron que el virus de la gripe, que también ataca más en invierno, se ve beneficiado por las bajas temperaturas. En aquel caso, vieron que el aire frío y seco del invierno permite que la influenza virus sobreviva durante más tiempo y dificulta que la mucosidad de las fosas nasales lo limpie.