UN CEREBRO ESPECIAL

Por mucho tiempo se creyó que poseer un cerebro más grande hace a una persona más inteligente. Un examen del cerebro de Einstein mostró que posiblemente no existe tal relación: su peso fue 15% menor a la cifra promedio de peso del cerebro humano (ver ¿Cómo ves? No. 59). Pero sí se encontraron diferencias importantes que nada tienen que ver con el peso, entre ellas que la corteza cerebral del lóbulo frontal de Einstein era más delgada que la de la generalidad de los humanos, lo que sugiere una mayor densidad de neuronas, lo cual a su vez habría permitido una conducción de impulsos entre ellas más rápida y una mayor velocidad de ejecución de los procesos mentales.

El cerebro de Einstein no mostraba una hendidura conocida como opérculo parietal, lo que quizá dio origen a una mayor interconexión en la región parietal inferior. Se encontró también una mayor proporción de células gliales, que son las que dan sostén y nutren a las neuronas. Finalmente, en el cerebro de Einstein el área de la región parietal inferior que se relaciona con los procesos matemáticos y la imaginación visual era 15% mayor que la del humano promedio.

Con frecuencia nos preguntamos si la inteligencia se hereda o se adquiere a lo largo de la vida. Una nueva tecnología de resonancia magnética permite conocer el volumen de diferentes zonas del cerebro midiendo la cantidad de agua que se difunde por estos tejidos. La integridad de la capa de mielina que cubre a las neuronas es la responsable de que haya mayor difusión de agua y que la velocidad del impulso nervioso sea mayor. Estas propiedades, a su vez, están relacionadas directamente con un mayor desempeño de las actividades cognitivas como son las pruebas de coeficiente intelectual. La integridad de la capa de mielina depende de factores genéticos, lo que significa que la inteligencia es, en cierta proporción, heredable.

Una cubierta de mielina sin imperfecciones ni rupturas en las neuronas del cuerpo calloso, depende principalmente de factores genéticos. En esta zona se integran las señales del lado izquierdo con las del lado derecho del cuerpo, y del lóbulo parietal, en donde residen las habilidades espaciales y matemáticas. Sin embargo, también se ha comprobado que factores ambientales como la estimulación sensorial, la nutrición y el ambiente en donde se desarrolla una persona, son capaces de influir en la mielinización y conectividad neuronal, y por tanto, afectar las facultades cognitivas ya sea en forma positiva o negativa. ¿Cuánta información podemos guardar en nuestro cerebro? ¿Tenemos más capacidad que un ordenador? La respuesta es SÍ. Tenemos muchísima más capacidad de almacenamiento que un ordenador. Nuestro cerebro humano, mediante las neuronas, es capaz de albergar 2,5 petabytes, el equivalente a 2,5 millones de gigabytes. Sería como memorizar durante 300 años todos los programas de la televisión, es decir, dejar durante 300 años una televisión encendida y memorizar toda esa información. Esa es la capacidad que tiene nuestro cerebro.

Por consiguiente, todas esa personas que dicen “ya no me entra nada más en la cabeza… ya no puedo estudiar más” están equivocadas. Esa clase de afirmaciones son producto del agotamiento porque, en realidad, nuestro cerebro es casi infinito. No podemos agotar la capacidad de nuestro cerebro a lo largo de nuestra vida. Sería imposible… por más que quisiéramos aprender.

Las evidencias más recientes han cambiado las creencias anteriores sobre nuestro cerebro, demostrando que puede generar nuevas neuronas. La doctora Molly V. Wagster, Jefa de la sección de Neuropsicología del Envejecimiento del National Institute of Aging de EE.UU. comenta: “Durante mucho tiempo hemos mantenido la suposición de que nacíamos con todas las neuronas necesarias y que el cerebro no podía generar otras nuevas, por consiguiente, una vez que morían éramos incapaces de sustituirlas. Estas suposiciones han quedado orilladas y desmentidas (…) Se ha comprobado el nacimiento de nuevas células nerviosas en personas de edad avanzada”.

En consecuencia, la pregunta que debemos plantearnos es ¿cómo estimular la neurogénesis o nacimiento de nuevas neuronas en el cerebro? Aunque la ciencia no tiene aún todas las respuestas, la clave está en los estudios realizados en personas mayores que han mantenido una actividad mental permanente. Son personas con tendencia a mantener relaciones sociales y lazos fuertes con sus parientes, sus amigos y la comunidad. Habitualmente son personas con buena salud y actividad física. Otra característica recurrente es que tienden a estar comprometidas en actividades alentadoras y desafiantes.

La historia del arte y la creatividad nos ofrece multitud de personas que han demostrado estar en el más alto nivel de capacidad intelectual, artística y emocional a edades consideradas muy avanzadas. Pau Casals, a los 96 años estaba en plena capacidad creadora, igual que Picasso a los 91, Rubinstein a los 90, Victor Hugo, Goethe y Matisse a los 83, Platón, Kant y Verdi a los 80, Fleming a los 74, Pasteur a los 73, Wagner y Leibniz a los 70.

Vemos cómo su capacidad intelectual y creativa no decrece ni depende de la edad. Más bien es lógico pensar lo contrario, porque a mayor experiencia, mayor diversidad de ideas que se pueden relacionar. De hecho, la edad promedio de las creaciones más grandes de la humanidad se sitúa en torno a los sesenta años. Por esa razón podemos empezar a pensar que a los 60 años es cuando estamos en la autentica “flor de la vida”.

Además de los citados, los ejemplos de personalidades contemporáneas serían también muy numerosos, pero me quedo con el de la doctora italiana Premio Nobel de Medicina de 1986, Rita Levi-Montalcini, quien hasta a sus 100 años cumplidos en abril de 2009 continuó plenamente en activo. Sería un error considerar estos casos, pasados o recientes, como excepciones a la regla, creyendo que se trata de personas dotadas de una genialidad especial. En realidad, esa excepcionalidad ha consistido en salirse del pensamiento y del camino trillado para atreverse a no admitir la opinión generalizada de que a los 90 años sólo nos queda esperar pasivamente a la muerte. Lo que les hace diferentes no es una capacidad física, intelectual o emocional superior sino una aceptación de que nuestro cerebro se alimenta de los cambios, y esa forma de pensar está en todos los humanos de cualquier edad y condición. Cada uno de nosotros vivimos y nos movemos en un entorno que es una extensión de nuestra mente y cuando cambiamos nuestra mente, también cambia nuestra vida. Por eso es necesario comprender que nuestra mente no tiene edad.

Al igual que una persona que desea mejorar su salud debe cambiar por completo sus patrones de pensamiento, también deben cambiarlos quienes deseen evitar que sus cerebros envejezcan. Estudios recientes tanto en animales como en humanos han encontrado que varios factores van muy de la mano con la mejor actuación mental, incluyendo la educación, el éxito profesional, intelectual y social y las actividades físicas. Un estudio de 2003 en el New England Journal of Medicine, por ejemplo, encontró que la gente con más de 75 años de edad que baila, lee o practica con juegos de mesa o toca instrumentos musicales, también tiene un ritmo menor de demencia. Mucho del trabajo se ha enfocado en encontrar maneras de proteger a la gente en contra del Alzheimer. En los ratones, una vacuna en contra de esa enfermedad pareció funcionar; sin embargo, se observó que era tóxica para los humanos y fue suspendida. Los suplementos de beta-caroteno pudieran postergar el declive cognitivo si se toman por muchos años. Sin embargo, lo pospone únicamente por un año y medio. La educación parece reducir las probabilidades de padecer Alzheimer; sin embargo, algunos nominados para un Premio Nobel lo han padecido.

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