Las lesiones deportivas ocurren tanto en la actividad física, ya sea ésta recreativa o de competición. Pueden aparecer por algún accidente o sobrecarga; y necesitan de un correcto diagnóstico y tratamiento adecuado.
Cuando se hace ejercicio, los músculos sufren un estrés intencional y se producen cambios en las fibras musculares. Con el tiempo, el estrés provocado por un ejercicio regular produce ciertas modificaciones de adaptación en el tejido muscular, incluyendo un aumento de fuerza y aguante.
Durante este proceso, las lesiones pueden ocurrir de dos maneras: Las agudas son accidentes que ocurren cuando el cuerpo se ve sometido a una sacudida o un choque que producen un dolor y una hinchazón inmediatos. Estas lesiones ocurren cuando, por ejemplo, un jugador del equipo opuesto golpea el muslo de otro con su casco (fútbol americano), produciendo un hematoma, una ruptura parcial del músculo o un calambre. También pueden ocurrir cuando un músculo se sobrecarga repentinamente con una fuerza mayor que la que puede soportar. Los más expuestos a este tipo de lesiones son los que se dedican a los deportes de contacto o los individuos no entrenados que sobreestiman su capacidad atlética.
Por otro lado, las lesiones por movimientos repetitivos, también llamadas lesiones por estrés repetitivo, son lesiones temporales o permanentes de los músculos, los nervios, los ligamentos y los tendones que se deben a un movimiento que se realiza una y otra vez. Los que practican un ejercicio diario de manera regular (aquellos que lo hacen fundamentalmente para un fitness aeróbico), son más propensos a las lesiones de estrés que las agudas. También aquellos que practican un ejercicio regular para adquirir fuerza y tono muscular, como los levantadores de pesas, también son propensos a las lesiones por estrés, que sólo suelen producir dolor después del ejercicio.
Se calcula que al menos dos tercios de las lesiones producidas en los deportes de contacto son agudas, mientras que dos tercios, o más, de aquellas provocadas por los deportes de aguante son lesiones por estrés.
Muchos investigadores creen que los calambres son provocados por un ejercicio intenso que perturba el equilibrio de sodio, potasio y cloruro en y alrededor de las fibras musculares. Pero nadie ha sido capaz de establecer la causa con exactitud, porque los calambres desaparecen antes de que se puedan medir las concentraciones de estos minerales.
Tan impredecibles y comunes como los calambres, las punzadas se suelen experimentar como un dolor agudo o un espasmo en el lado superior derecho del abdomen; sin embargo, los síntomas y la intensidad del dolor difieren de una persona a otra, e incluso de una ocasión a otra en el mismo individuo.
Aunque no hay acuerdo de la causa de estas punzadas, una explicación posible es que el ejercicio intenso elimina la sangre del diafragma, provocando un espasmo de éste. Otra teoría sugiere que las provocan los gases atrapados en el cólon, que forma parte del intestino grueso. Se alivian interrumpiendo el ejercicio y respirando lenta y profundamente, o deteniéndose y apretando el flanco con la mano, masajeando la zona dolorosa.
Los cuatro síntomas que indican una lesión son: cualquier dolor en los huesos o las articulaciones; un dolor muscular severo, que suele estar acompañado por una hinchazón del músculo o por espasmos; una rigidez articular severa, acompañada por una movilidad restringida, como la incapacidad de flexionar y estirar la muñeca; una sensación alterada, como el entumecimiento o el hormigueo en las manos o los pies.
Si se experimentan cualquiera de estos síntomas, se debe interrumpir el ejercicio inmediatamente. Si los síntomas son severos, empeoran o si se albergan dudas sobre el propio estado, hay que consultar con un médico o un profesional de la medicina deportiva. El intento de “obstaculizar” estos síntomas con el ejercicio o enmascararlos con analgésicos, puede provocar lesiones más serias.