Tanto desde la fisioterapia como desde la terapia ocupacional, los especialistas siempre hacen una valoración inicial de los pacientes para determinar un tratamiento personalizado e integral, que permita abarcar lo más posible las secuelas de los padecimientos. La valoración fisioterapéutica se centra más en los aspectos analíticos, mientras que la valoración de un terapeuta ocupacional tiene un enfoque dirigido a diagnosticar cómo las dificultades que sufren las personas afectan a su movilidad, que se traducen en barreras para realizar sus actividades cotidianas.
Estas valoraciones se unifican para establecer objetivos de trabajo en común. Puesto que una terapia no se puede aplicar sin la otra o esperar resultados de manera independiente. Las terapia física y rehabilitación siempre es un trabajo en conjunto y multidisciplinario, que puede ser más o menos largo, dependiendo el padecimiento original y las secuelas que dejó en la persona.
Después de la valoración y durante el desarrollo de la terapia se hace un informe de evolución de la terapia, que está sujeto a una reevaluación posterior para comparar los objetivos iniciales con los logros alcanzados durante las distintas etapas del tratamiento. De esta forma se valora si es preciso continuar con las terapias, si se debe pasar al proceso de recuperación, si se debe hacer una terapia de mantenimiento, o si el paciente se encuentra en periodo de alta.