La irrupción de la genética —tanto germinal como somática— ha reformulado el abordaje del cáncer desde la prevención hasta el seguimiento pos-tratamiento. En diagnóstico, clarifica entidades moleculares y estratifica riesgo; en tratamiento, habilita terapias dirigidas, indicaciones “agnósticas al tejido” y decisiones de dosificación guiadas por farmacogenómica. El avance no es solo tecnológico: traducirlo a beneficio clínico exige programas de calidad, acceso equitativo y marcos éticos robustos. (Instituto Nacional del Cáncer)
1) Conceptos clave: genética del cáncer en 2025
Genética somática vs. germinal.
El mapeo genómico (NGS) ha impulsado una taxonomía molecular que perfecciona el diagnóstico, pronóstico y la selección de tratamiento personalizado. (Instituto Nacional del Cáncer)
2) Genética en el diagnóstico oncológico
2.1 Estratificación del riesgo y síndromes hereditarios
La evaluación genética germinal identifica síndromes de predisposición (Lynch, HBOC por BRCA1/2, Li-Fraumeni, entre otros). Las guías de ASCO (mayo de 2024) orientan cuándo y cómo solicitar paneles multigén para pacientes con cáncer, qué componentes de la historia familiar priorizar y cómo balancear beneficios/daños (p. ej., hallazgos incidentales, variantes de significado incierto). Estas guías también aclaran cuándo el perfil tumoral somático debe gatillar una prueba germinal confirmatoria. (ASCO Publications)
Implicaciones clínicas:
2.2 Taxonomía molecular y perfiles somáticos
El perfilado somático multigén (NGS) permite subtipar tumores y detectar biomarcadores accionables. Las recomendaciones clínicas (p. ej., NCCN, por tumor) consideran perfil molecular desde enfermedad localmente avanzada hasta metastásica para identificar mutaciones raras y opciones terapéuticas. Esto se extiende a múltiples tumores (páncreas, pulmón, colon, ovario, etc.), y el acceso a paneles validados en laboratorios acreditados es parte del estándar emergente. (nccn.org)