Las políticas de salud y nutrición se orientarán al entendimiento de los genes en la evolución de la enfermedad. Las recomendaciones nutricionales se establecerán dependiendo del mapa genético del individuo. La dieta suplirá los componentes bioactivos necesarios para que la intervención terapéutica sea efectiva. La nutrigenómica determinará la forma como los genes, la dieta y la enfermedad interactúan sobre las disparidades, y lo que se ofrece para minimizar su expresión. Las poblaciones, en vez de estar estratificadas por raza, estarán divididas por subpoblaciones genéticas con respuestas similares ante los alimentos. Las que más se beneficiarán serán las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial, la diabetes de tipo 2, el cáncer, las enfermedades inflamatorias, la obesidad y la osteoporosis.
Finalmente, el profesional en nutrición y dietética debe estar preparado para abordar su práctica profesional científicamente desde los diferentes ángulos necesarios. Es indispensable la educación continua para proporcionar un tratamiento nutricional de las enfermedades crónicas o las derivadas de las cirugías bariátricas y sus complicaciones. La proyección del manejo nutricional debe abordar los temas de nutrigenómica y nutrigenética, que abren una nueva frontera científica, con una perspectiva diferente y esperanzadora.