La cuesta de enero no sólo tiene relación con la situación económica de la población en general. Este fenómeno atañe principalmente a personas que experimentan “una cruda emocional”, producto de los excesos vividos durante las fiestas decembrinas: “Son personas que se excedieron, lo cual representa un hecho compensatorio que se traduce, por citar un ejemplo, en la adquisición compulsiva de cosas materiales con la finalidad de evadir carencias emocionales. Según nuestras estimaciones cuatro de cada 10 pacientes adultos que visitan nuestra clínica están experimentando cierto grado de depresión debido al efecto denominado cuesta de enero. Lo anterior también atañe a la población infantil con un porcentaje similar (tres de cada 10), sostuvo la Dra. Claudia Sotelo Arias, directora del Centro de Especialización de Estudios Psicológicos en la Infancia (CEEPI).
La experta señaló que este hecho se presenta tanto en hombres, como en mujeres de todos los estratos socioeconómicos: “Tiene que ver con un evento real, donde por ejemplo, a lo largo del año hubo una pérdida, un divorcio o una decepción amorosa, e incluso un despido laboral”.
Sin embargo, la especialista precisó que no en todos los casos se puede catalogar como una patología: “Sólo si experimentan una sensación de vacío permanente, o carecen de metas o esperanzas y si la tristeza es un común denominador de su vida”, dijo.
Por otro lado, Sotelo Arias precisó que la población infantil también puede presentar síntomas de depresión pasajera en enero: “Se contagian por el pesimismo de los adultos y los síntomas son claros: baja de rendimiento escolar, hostilidad y retraimiento. Si estos síntomas prevalecen por más de un mes lo recomendable sería acudir con un especialista”, comentó Sotelo Arias.
De igual forma recomendó que si la depresión en adultos no desaparece al paso de las semanas (un mes), lo aconsejable es asistir a una terapia psicológica.

Cuando se habla de bullying hay que establecer que los profesionales expertos en la materia tienen muy claro qué perfiles tienen el acosador y el acosado. Así, en el primer caso, estas son las principales señas de identidad que le definen:
• El acosador es alguien que necesita tener el dominio sobre otro para sentirse poderoso y así ser reconocido.
• Carece de habilidades sociales y no muestra ningún tipo de capacidad de empatía.
• Por regla general, es alguien que suele tener problemas de violencia en su propio hogar.
• No tiene capacidad de autocrítica y manipula a su antojo la realidad.
En el segundo caso, el del acosado, estas podemos decir que son las características que le suelen identificar:
El agresor o acosador molesta a su víctima de distintas maneras, ante el silencio o la complicidad del resto de los compañeros. Es habitual que el conflicto empiece con burlas que se vuelven sistemáticas y que pueden derivar en golpes o agresiones físicas.
Los casos de bullying revelan un abuso de poder. El acosador logra la intimidación del otro chico, que lo percibe como más fuerte, más allá de si esta fortaleza es real o subjetiva. Poco a poco, el niño acosado comienza a experimentar diversas consecuencias psicológicas ante la situación, teniendo temor de asistir a la escuela, mostrándose retraído ante sus compañeros, etc.