No todo es bullying

Uno de los pioneros en la temática fue Dan Olweus, quien explicó que el término bullying aplica cuando un estudiante es maltratado (bullied) o victimizado al exponerse, de forma repetida y durante un tiempo prolongado, a una serie de acciones negativas por parte de uno o más estudiantes. Las acciones negativas son aquellas acciones intencionales que infligen o pretenden infligir lesiones y malestares a otros, las cuales pueden ser verbales —en forma de amenazas, insultos, burlas y sobrenombres— o físicas —mediante golpes, bofetadas, patadas, pellizcos y otras agresiones—, pero también pueden expresarse mediante miradas de desprecio y gestos discriminatorios que promueven el rechazo y la exclusión. Éstas pueden realizarse de forma individual o grupal y el blanco del bullying también puede ser un individuo o un grupo. Asimismo, para que el bullying se presente, debe haber un desequilibrio en la fuerza (una relación de poder asimétrica), de tal manera que el personaje atacado tiene dificultad para defenderse por sí mismo y es impotente frente a quienes lo hostigan y maltratan.

El autor considera conveniente distinguir entre bullying directo, que consiste en ataques abiertos hacia la víctima, y bullying indirecto, que consiste en provocar el aislamiento o la exclusión intencional de un individuo o grupo. Para Olweus, es importante prestar especial atención al segundo, ya que es menos visible y sus efectos son progresivos.

El bullying también puede observarse en jardines de unidades habitacionales, en espacios donde conviven niños y adolescentes de diferentes escuelas, en clubes sociales, en el servicio militar y dondequiera que haya pares; algunos autores señalan que también existe entre hermanos.

 

El bullying se ha convertido en una de las principales preocupaciones que tienen los padres respecto a sus hijos. Por tanto, es importante que aquellos presten atención a signos que pueden indicar que sus vástagos están sufriendo acoso escolar:

  • El adolescente presenta cambios de humor muy bruscos.
  • Tiene miedo de ir al colegio y por eso siempre pone excusas para faltar a clase.
  • Se produce un importante cambio en lo que es el rendimiento escolar.
  • No cuenta nada sobre su día a día en el centro

El bullying y la violencia escolar suelen utilizarse como términos con igual significado. Sin embargo, los especialistas señalan diferencias conceptuales que ayudan a reconocer dos problemáticas diferentes. 

De manera cotidiana, las expresiones bullying y violencia escolar suelen utilizarse como sinónimos, lo cual ha generado tres grandes confusiones:

Que el bullying o maltrato entre pares (MEP) es exclusivo del centro escolar.

Que el MEP es la única forma de violencia escolar.

Que maltratadores y maltratados son fácilmente identificables.

Por ello, es importante destacar las similitudes y diferencias entre el bullying (maltrato entre pares) y la violencia escolar, con la finalidad de hacer visible la intersección entre ambos conceptos, recordando que el bullying puede presentarse en la escuela, pero también en otros contextos. Adicionalmente, señalamos el carácter intercambiable de los actores, ya que no hablamos de víctimas crónicas y maltratadores potenciales, sino de niños, niñas y adolescentes que ejercen, reciben, observan o instigan maltrato en diferentes situaciones. Se trata de prácticas que durante muchos años se consideraron naturales, inevitables e incluso pedagógicamente deseables, pero que actualmente se señalan  como formas de violencia.

Por otro lado, cuando se confunde bullying con violencia escolar en su conjunto, se olvida la violencia institucional (resultante del propio sistema educativo), que lleva a los adolescentes a ver en las clases un espacio de aburrimiento y a cometer actos considerados de mala conducta o indisciplina, debido a su desinterés por los conocimientos transmitidos. Esto se debe a que, con frecuencia, se presenta una desconexión entre lo que se enseña en los centros escolares y la cultura popular de muchos alumnos, lo que da lugar a una situación de extrañamiento y al cuestionamiento de la escuela como algo “útil”, lo que propicia desencuentros, conflictos y apatía.

Entre bullying y violencia escolar es posible destacar que en ambos casos se presentan actores intercambiables en las diferentes situaciones, sin negar que algunos adolescentes puedan ser propensos a desempeñar el papel de maltratadores o víctimas de manera repetida.