¿Cuáles son las señales de alarma durante la adolescencia que indican que algo está pasando?

  1. Ansiedad, que es un miedo a algo que desconoces y que te impide realizar sus actividades desde las rutinarias hasta las complejas.
  2. Depresión, que no se debe de confundir con estar acongojado. En la depresión ves un futuro sin esperanza, bajan tus calificaciones, te cuesta trabajo concentrarte, duermes mal y poco, piensas en la muerte como cercana o una salida , nada te importa o te importa poco , te levantas sin desgano , tienes variaciones  de peso, te alejas  de los demás.
  3.  Estrés, que es una preocupación excesiva. Esto puede deberse a una sobrecarga de trabajo, exceso de responsabilidades, expectativas exageradas y no cumplidas o al hecho de que te exijas resultados perfectos.
  4. Uso de sustancias nocivas como el alcohol y las drogas que aparentemente te hacen sentir mejor, pero que después necesitas consumir más para volver a sentirte mejor. Éstas dañan seriamente tu salud.
  5. Problemas alimenticios, como comer exageradamente, evitar comer o vomitar después de comer (anorexia y bulimia).

Si muestras alguna de estas señales es posible que ¡ESTÉS EN PELIGRO! Es muy recomendable que busques ayuda coméntalo con tus padres y pide ayuda profesional.

Cuándo consultar a un profesional de la salud
Hay que tratar de evitar que las relaciones entre padres e hijos se deterioren, por eso cuando unos padres no saben cómo abordar comportamientos problemáticos, es aconsejable que consulten a profesionales: psicólogos especializados en jóvenes con problemas de conducta o en adolescentes conflictivos o problemas adolescentes. No hay que culpabilizar ni a padres ni a adolescentes; se trata de problemas que surgen por la interacción de factores, como los estilos educativos de los padres y el temperamento de los jóvenes. En este sentido, es importante destacar que los problemas de los adolescentes, no son sólo de ellos, sino que afectan a toda la familia y en ocasiones se hace necesario intervenir en el plano familiar como un sistema, y no sólo en el joven problemático.

Cuando un padre o madre educa pensando que tiene en casa un adolescente conflictivo, es difícil que pueda confiar en él. Los padres necesitan apoyo y directrices para no sentirse abrumados por los problemas y darles respuesta y solución.

En la medida en la que un joven rebelde o joven problemático vaya generalizando malos comportamientos, la relación familiar se complica y el adolescente conflictivo es más reacio al cambio. Necesita seguir confiando en sus padres y que éstos sigan siendo un modelo. Cuando los problemas se complican y los padres no pueden abordarlos, en el afán de proteger a sus hijos, dejan de ser un modelo para ponerse a la altura del adolescente rebelde. A veces, también ocurre que intentando ignorar conductas negativas de los hijos, éstas se convierten en hábitos (no respetan horarios de entrada en casa, por ejemplo y los padres para no tener "broncas" dejan de castigar y reñir, por lo que no respetar horarios, se convierte en un hábito, que para cuando los padres quieren, ya no lo pueden cambiar).