Patogenia multifactorial de la esteatosis hepática

La esteatosis metabólica es actualmente la causa más común de anomalía en el estándar del funcionamiento hepático (transaminasas y GGT).

Se estima que cerca del 25% de la población mundial padece esteatohepatitis relacionada a la presencia de al menos uno de los factores de síndrome metabólico: diabetes, sobrepeso, hipertrigliceridemia, hipercolesterolemia, hipertensión.

En el desarrollo de la esteatosis el principal determinante es la resistencia a la insulina, mientras que en las causas del daño hepatocelular se incluyen factores como el exceso de ácidos grasos libres, la disfunción mitocondrial, el estrés oxidativo, las citoquinas, la sobrecarga de hierro, el sobrecrecimiento bacteriano y la predisposición genética.

Están aumentando los estudios sobre la patogénesis de la EHNA y se han presentado investigaciones para detectar los factores pronósticos de los pacientes con mayor riesgo y que van a tener relevancia para posteriores estudios clínicos para los pacientes que requieren un seguimiento específico, o bien para aquellos pacientes que tendrán una menor progresión y menor riesgo, los cuales serían tributarios actualmente de una atención de rutina

Debido a que la enfermedad hepática del hígado graso no alcohólico no causa síntomas en la mayoría de los casos, generalmente se detecta cuando se realizan pruebas por otras razones que indican un problema en el hígado. Esto puede suceder si el hígado tiene una apariencia anormal en una ecografía o si un análisis de enzimas del hígado arroja resultados anormales.

Las pruebas que se realizan para intentar identificar el diagnóstico y determinar la gravedad de la enfermedad incluyen lo siguiente:

  • Análisis de sangre
  • Hemograma completo
  • Análisis de función hepática y de la enzima hepática
  • Análisis para detectar hepatitis viral crónica (hepatitis A, hepatitis C y otras)
  • Análisis para detección de enfermedad celíaca
  • Examen de glucemia en ayuno
  • Hemoglobina A1C que muestra la estabilidad de tu glucemia
  • Perfil lipídico que mide las grasas en la sangre, como el colesterol y los triglicéridos
  • Procedimientos por imágenes

Los procedimientos por imágenes que se usan para diagnosticar la enfermedad hepática del hígado graso no alcohólico incluyen los siguientes:

  • Ecografía completa, que suele ser la primera prueba cuando se sospecha de enfermedad hepática.
  • Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) del abdomen. Si bien estas técnicas carecen de la habilidad de distinguir entre la esteatosis hepática no alcohólica y la enfermedad hepática del hígado graso no alcohólico, también se pueden utilizar.
  • Elastografía de transición, que es una forma mejorada de la ecografía para medir la rigidez del hígado. La rigidez del hígado indica la fibrosis o cicatrización.
  • Elastografía por resonancia magnética, que combina las imágenes por resonancia magnética con los patrones formados por las ondas sonoras que rebotan en el hígado para crear un mapa visual que muestra el grado de rigidez en todo el hígado, reflejando la fibrosis o cicatrización.

Examen del tejido hepático

Si otras pruebas son inclusivas, tu médico puede recomendar un procedimiento para extraer una muestra de tejido del hígado (biopsia de hígado). La muestra de tejido es examinada en un laboratorio para detectar signos de inflamación y cicatrización. Una biopsia de hígado puede ser dolorosa para algunos pacientes y tiene algunos riesgos menores que el médico revisará contigo en detalle. Este procedimiento se realiza mediante la inserción de una aguja a través de las paredes del abdomen y adentro del hígado.

Un radiólogo de Mayo Clinic observa una imagen obtenida mediante una elastografía por resonancia magnética (ERM) del hígado, la cual muestra áreas de cicatrización (fibrosis) en rojo.

Tratamiento

La primera línea del tratamiento es generalmente perder peso a través de una combinación de dieta saludable y ejercicios. Perder peso se dirige a las afecciones que contribuyen para la enfermedad hepática: En verdad, una pérdida de 10 percentiles del peso corporal es ideal, pero la mejora en los factores de riesgo puede ser tangible si pierdes incluso tres a cinco por ciento de tu peso inicial. Los cirujanos para perder peso también son una opción para aquellos que necesitan perder gran parte de su peso.

El médico podrá indicar qué vacunas debes recibir contra la hepatitis A y la hepatitis B para ayudar a protegerte de los virus que pueden causar más daño al hígado.

Para aquellos que tienen cirrosis debido a la esteatosis hepática no alcohólica, el trasplante del hígado puede ser una opción. Los resultados del trasplante de hígado en este grupo de población son generalmente muy buenos.

Posibles tratamientos futuros

No existen tratamientos con medicamentos aprobados por la FDA para la enfermedad hepática del hígado graso no alcohólico, pero solo hay pocos medicamentos bajo estudio con resultados prometedores.

Los médicos recomiendan bajar de peso para tratar la NAFLD y la NASH. La pérdida de peso puede reducir la grasa acumulada en el hígado, la inflamación y la fibrosis o cicatrización.

Si usted tiene sobrepeso u obesidad, bajar de peso consumiendo alimentos saludables, limitando el tamaño de las porciones y manteniéndose físicamente activo puede mejorar la NAFLD y la NASH. Si usted pierde por lo menos un 3 a 5 por ciento de su peso corporal puede reducir la grasa acumulada en el hígado. Es posible que tenga que perder hasta un 10 por ciento de su peso corporal para reducir la inflamación del hígado.

Los médicos recomiendan perder gradualmente el 7 por ciento de su peso corporal o más en el transcurso del primer año. La pérdida rápida de peso con dietas muy bajas en calorías o con ayuno (es decir, no comer ni beber nada más que agua) pueden empeorar la NAFLD.

El hígado graso es una acumulación anómala de ciertas grasas (triglicéridos) en el interior de las células hepáticas.

Las personas con hígado graso pueden sentirse cansadas o tener malestar abdominal leve, pero por lo demás no tener síntomas.

Para confirmar el diagnóstico puede ser necesario realizar una biopsia hepática que permite, además, determinar la causa y la extensión de la lesión.

El médico se centra en el control o la eliminación de la causa del hígado graso, como el síndrome metabólico o el consumo de grandes cantidades de alcohol.

En los Estados Unidos y otros países occidentales, las causas más comunes de hígado graso son:

  • Consumo de grandes cantidades de alcohol
  • Obesidad
  • Toxinas
  • Ciertos fármacos
  • Trastornos metabólicos hereditarios

Anomalías metabólicas, como el exceso de peso corporal, resistencia a la insulina (como puede ocurrir en la diabetes) y concentraciones elevadas de triglicéridos (una grasa) en la sangre

La combinación de exceso de peso, resistencia a la insulina y niveles altos de triglicéridos se llama síndrome metabólico. Todos estos trastornos provocan que la grasa se acumule en las células hepáticas, haciendo que el organismo sintetice más grasa o enlenteciendo el metabolismo (el procesado) y la excreción de la grasa. En consecuencia, la grasa se acumula y se almacena en el interior de las células hepáticas. El consumo de una dieta rica en grasas, sin más, no da lugar a un hígado graso.

En raras ocasiones, la grasa se acumula en el hígado durante la última etapa del embarazo. Este trastorno, llamado hígado graso del embarazo o esteatosis microvesicular, se considera por lo general un trastorno diferente del hígado graso.